Primero hay que determinar qué problema debe resolver la guía digital. ¿Los visitantes tienen dificultades para comprender el contexto de las piezas expuestas? ¿Faltan versiones en otros idiomas, contenidos de audio o una ruta familiar? ¿Los contenidos se quedan obsoletos rápidamente? ¿O el lugar quiere mantener el contacto después de la visita? Cada una de estas necesidades implica un alcance diferente del producto.
El simple hecho de tener un icono en una tienda de aplicaciones no resuelve ninguno de estos problemas. Es como encargar una bonita vitrina antes de decidir qué contendrá. Conviene empezar por describir las situaciones de uso, los contenidos y el proceso de trabajo del equipo, y después elegir la herramienta.
Por tanto, la pregunta adecuada es: «¿Cuál es la forma más sencilla de ofrecer al visitante el relato adecuado en el lugar adecuado y permitir que nuestro equipo lo amplíe después?». Una aplicación propia es una de las posibles respuestas, pero no debería ser la respuesta automática.

